Estos picarones es un homenaje a mi tía Luchita que falleció hace poco más de 1 año; ella siempre las hacía para mí y mis primos, con su permiso, un beso para ella, que sé que me cuida desde arriba, gracias.
Un lugar donde puedo decir mis ocurrencias, alegrías, miedos. Un lugar donde puedo expresar qué siento, qué me gusta, qué detesto, qué adoro!
Iker el arquero del Real Madrid, Iker el arquero de la selección española, Iker el arquero del Mundial, Iker el mejor arquero y capitán del mundo (y con las palabras bien puestas).
Iker te habrás tapado todos los goles del Mundial, pero ese beso robado que le sacaste a la diosa de tu novia, el que te metiste con esa osadía de caballero antiguo, fue sin precedentes. Les demostraste a todos los hombres que tu mujer esta antes que el fútbol y la cursilería (en ese orden) y eso nos sacudió a todos, o, mejor dicho, a todas ellas.
Hay una manera como abrazaste a Sara, la afortunada, que simplemente no puedo dejar de dibujar en mi cabeza. La rodeas con tu brazo, la capturas como una serpiente y en el momento en el que ella más desubicada está, le encajas ese beso conciso, suavecito, hermoso y tan bonito. Cuando vi ese momento, recuerdo haberme quedado en silencio y boqui abierto, me costaba ver lo que estaba viendo.
Hay veces me pregunto, ¿Cuántos hombres se habrán sentido orgullosos por esto? y ¿cuántas mujeres habrán sentido un poquito de envidia al ver lo que has hecho? Millones. Y en realidad no fue tu manera de besar la que hiciera que todos habláramos de tu atrevimiento, fue justamente tu riesgo el que nos sorprendió. Las mujeres siempre quieren que nosotros nos arriesguemos por ellas, y mientras más vergüenza haya de por medio, entonces más felices estarán. Iker te consagraste conmigo.
Igual mi aliento iba por España, pero luego de ese acto de amor (valentía), levanto la copa contigo, capitán, me pinto la cara de rojo y amarillo y salto, salto, salto.
Hoy estaba en el micro, sube un vendedor de caramelos, de 50 años aproximadamente, dónde con su voz gruesa y fuerte te comienza a contar la (clásica) historia que fue un ex ladrón, recién salidito de Lurigancho, que no tiene cómo sobre vivir y que ya está reformado, en ese momento, mientras él hablaba, se me pasó por la cabeza (como siempre) si todo lo que decía era verdad ... y por primera vez me animé a sacar 10 centavos para colaborarle, sin importarme que si lo que decía era verdad, él se acercó, agarré un caramelo y le di los 10 centavos, y mientras pasaba por los demás asientos, bajé la mirada y comencé a ver la envoltura, porque lo acepto quería probarlo, y la envoltura solo tenía dibujado una fresa y decía hecho en Perú, luego espere a que se bajara, bajó, y es ahí donde al probarlo sentí ese sabor, ese sabor tan amargo, abandonado, resentido y marginado ... de la vida.