Iker el arquero del Real Madrid, Iker el arquero de la selección española, Iker el arquero del Mundial, Iker el mejor arquero y capitán del mundo (y con las palabras bien puestas).
Iker te habrás tapado todos los goles del Mundial, pero ese beso robado que le sacaste a la diosa de tu novia, el que te metiste con esa osadía de caballero antiguo, fue sin precedentes. Les demostraste a todos los hombres que tu mujer esta antes que el fútbol y la cursilería (en ese orden) y eso nos sacudió a todos, o, mejor dicho, a todas ellas.
Hay una manera como abrazaste a Sara, la afortunada, que simplemente no puedo dejar de dibujar en mi cabeza. La rodeas con tu brazo, la capturas como una serpiente y en el momento en el que ella más desubicada está, le encajas ese beso conciso, suavecito, hermoso y tan bonito. Cuando vi ese momento, recuerdo haberme quedado en silencio y boqui abierto, me costaba ver lo que estaba viendo.
Hay veces me pregunto, ¿Cuántos hombres se habrán sentido orgullosos por esto? y ¿cuántas mujeres habrán sentido un poquito de envidia al ver lo que has hecho? Millones. Y en realidad no fue tu manera de besar la que hiciera que todos habláramos de tu atrevimiento, fue justamente tu riesgo el que nos sorprendió. Las mujeres siempre quieren que nosotros nos arriesguemos por ellas, y mientras más vergüenza haya de por medio, entonces más felices estarán. Iker te consagraste conmigo.
Igual mi aliento iba por España, pero luego de ese acto de amor (valentía), levanto la copa contigo, capitán, me pinto la cara de rojo y amarillo y salto, salto, salto.
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